
Vivir al día, esta frase tan manida ha sido el leitmotiv para muchas familias durante mucho tiempo. La sociedad en la que nos movemos favorece estar pendiente de las últimas tendencias y aplicarlas a nuestra forma de vida. Aunque para ello sea necesario gastar lo que uno tiene o más. Todo sea por aparentar y todo sea por pertenecer al grupo de los elegidos de la última moda.
No se fomentaba el ahorro. ¿Por qué ahorrar? Mucho mejor el consumo, mucho mejor las compras. Aunque se pase alguna que otra carencia doméstica en elementos de primera necesidad, todo el mundo observa como nuestro nivel de vida, nuestro de nivel de consumo es máximo. Y con eso nos quedamos contentos. El hacer ver a los demás nuestra fortaleza consumidora, nuestra capacidad de gasto nos llena de satisfacción.
Se recurre al crédito de forma continuada, se recurre al aplazamiento de las compras, se recurre a los tarjetazos, se recurre al aplazamiento en el pago de la tarjeta. No va más, se estiraba todo lo que se podía estirar con tal de seguir manteniendo el ritmo de vida que nos habíamos marcado.
Con la llegada de la crisis, la concesión de crédito disminuye y aumentan las exigencias para la financiación. Paralelamente a esto el consumo disminuye. Muchos de los de cartera floja no pueden continuar con el ritmo comprador y se refugian en su pena.
El comercio pasa a una nueva realidad donde observa como sus ventas disminuyen en la misma medida que aumentan las restricciones del crédito.
Poco se fomentaba en nuestra sociedad el ahorro, el consumo moderado, mas bien al contrario. Las consecuencias de ello ya las estamos viendo.
El consumir por consumir sin pensar por un momento si realmente es necesario para nuestro día a día ha sido algo con lo que hemos tenido que convivir durante mucho tiempo.
Y vienen los problemas: muchos comercios cierran, trabajadores despedidos, locales vacíos formando un círculo vicioso difícil de romper hoy en día.
Las consecuencias de los excesos cometidos las estamos sufriendo y salir digo yo que saldremos ahora el problema es cuando y como.
No se fomentaba el ahorro. ¿Por qué ahorrar? Mucho mejor el consumo, mucho mejor las compras. Aunque se pase alguna que otra carencia doméstica en elementos de primera necesidad, todo el mundo observa como nuestro nivel de vida, nuestro de nivel de consumo es máximo. Y con eso nos quedamos contentos. El hacer ver a los demás nuestra fortaleza consumidora, nuestra capacidad de gasto nos llena de satisfacción.
Se recurre al crédito de forma continuada, se recurre al aplazamiento de las compras, se recurre a los tarjetazos, se recurre al aplazamiento en el pago de la tarjeta. No va más, se estiraba todo lo que se podía estirar con tal de seguir manteniendo el ritmo de vida que nos habíamos marcado.
Con la llegada de la crisis, la concesión de crédito disminuye y aumentan las exigencias para la financiación. Paralelamente a esto el consumo disminuye. Muchos de los de cartera floja no pueden continuar con el ritmo comprador y se refugian en su pena.
El comercio pasa a una nueva realidad donde observa como sus ventas disminuyen en la misma medida que aumentan las restricciones del crédito.
Poco se fomentaba en nuestra sociedad el ahorro, el consumo moderado, mas bien al contrario. Las consecuencias de ello ya las estamos viendo.
El consumir por consumir sin pensar por un momento si realmente es necesario para nuestro día a día ha sido algo con lo que hemos tenido que convivir durante mucho tiempo.
Y vienen los problemas: muchos comercios cierran, trabajadores despedidos, locales vacíos formando un círculo vicioso difícil de romper hoy en día.
Las consecuencias de los excesos cometidos las estamos sufriendo y salir digo yo que saldremos ahora el problema es cuando y como.
